SIBO: qué es, cómo se diagnostica y qué papel tiene la dieta
El SIBO (siglas en inglés de sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado) cursa con hinchazón, gases, digestiones pesadas, dolor abdominal y cambios en el ritmo intestinal. La alimentación es una parte importante de su abordaje, pero no es el tratamiento: el tratamiento lo pauta tu médico o tu digestivo.
Qué ocurre en el SIBO
El intestino delgado no es un tramo estéril, pero sí alberga muchas menos bacterias que el colon. Cuando esa población aumenta o se instalan ahí bacterias que corresponden al intestino grueso, los hidratos de carbono empiezan a fermentarse antes de tiempo, en un tramo donde deberían estar absorbiéndose.
Esa fermentación produce gas dentro de un espacio que no está preparado para acumularlo. De ahí la distensión que muchas personas describen como «me levanto plana y a media tarde parezco embarazada», el dolor, y la alteración del tránsito, que puede ir hacia diarrea, hacia estreñimiento o alternar entre los dos según el tipo de gas que predomine.
Los síntomas digestivos, y los que no lo parecen
Además de la hinchazón, los gases, el dolor abdominal y los cambios en el ritmo intestinal, el SIBO puede dar síntomas que no se asocian de entrada con el intestino:
- Cansancio y falta de energía, sobre todo si hay déficits asociados.
- Déficit de vitamina B12. Las bacterias la transforman en una forma que el cuerpo ya no puede aprovechar y, además, ocupan el sitio donde debería absorberse.
- Déficit de hierro, por dos motivos a la vez: se absorbe peor y, cuando hay náuseas o falta de apetito, también se come menos.
- Heces grasientas y pérdida de peso clara. Cuando aparecen estos dos signos juntos suelen apuntar a un problema en la propia estructura del intestino, no a un sobrecrecimiento corriente, y hay que estudiarlo.
Cómo se diagnostica
La prueba más utilizada es el test del aliento: se toma un sustrato —habitualmente lactulosa o glucosa— y se mide el hidrógeno y el metano exhalados a lo largo de unas horas. Si esos gases se elevan antes de lo esperado, apunta a fermentación en el intestino delgado.
Conviene saber que la prueba tiene limitaciones y que su interpretación no está exenta de debate: los criterios de positividad y los protocolos han ido cambiando, y un resultado aislado no siempre encaja con lo que cuenta la persona. Es una prueba médica, se pide y se interpreta desde la consulta médica, y forma parte de un cuadro más amplio.
Por qué aparece, y por qué a veces vuelve
El SIBO casi nunca aparece solo: suele ser consecuencia de otra cosa. Las situaciones que lo favorecen son, sobre todo, las que enlentecen el vaciado del intestino delgado o alteran sus barreras:
- Alteraciones de la motilidad intestinal.
- Cirugías abdominales previas y adherencias.
- Uso prolongado de protectores de estómago (omeprazol y similares). La asociación existe, aunque es moderada. No es motivo para dejarlos por tu cuenta: eso se habla con quien te los pautó.
- Fármacos que enlentecen el intestino: analgésicos opioides, algunos antidepresivos y otros medicamentos que reducen el movimiento intestinal.
- Enfermedades que afectan a la motilidad o a la inmunidad.
Esto explica una de las cosas que más frustra a quien lo padece: que reaparezca después de haberlo tratado. Si la causa que lo permitió sigue ahí, el sobrecrecimiento puede volver, y tratar esa causa es lo que previene la recidiva. Por eso el trabajo no termina cuando desaparecen los síntomas.
Qué puede hacer la alimentación
La dieta no erradica el sobrecrecimiento; lo que hace es reducir el sustrato fermentable y con ello los síntomas, mientras el tratamiento actúa sobre la causa. Es un acompañamiento del tratamiento, no un sustituto.
Hay además una parte que no va de quitar alimentos y que suele pasarse por alto: los periodos entre comidas. El intestino delgado tiene un mecanismo de barrido que se activa en ayuno y que ayuda a arrastrar restos y bacterias hacia el colon. Comer cada hora y media interrumpe ese barrido de forma continua, así que ordenar los horarios y respetar descansos entre comidas forma parte del abordaje.
La dieta baja en FODMAP, fase a fase
Los FODMAP son carbohidratos de cadena corta que fermentan en el intestino y sirven de sustrato a esas bacterias. La estrategia tiene el respaldo más sólido en el síndrome de intestino irritable; en SIBO se aplica por extensión y con más matices, así que se valora caso por caso antes de indicarla.
- 1. Restricción: unas semanas reduciendo los alimentos con mayor contenido en FODMAP para disminuir los síntomas.
- 2. Reintroducción: se devuelven los grupos uno a uno, de forma ordenada, para identificar cuáles toleras y a partir de qué cantidad.
- 3. Personalización: la dieta más variada y amplia posible, manteniendo solo los ajustes que necesites.
La restricción no está pensada para mantenerse en el tiempo
La fase de restricción tiene fecha de fin desde el principio: prolongarla reduce las bifidobacterias —justamente las que se alimentan de los FODMAP—, empobrece la dieta y, en muchos casos, deteriora la relación con la comida. Es frecuente ver en consulta a personas que llevan meses o años en la primera fase porque mejoraron y nadie les explicó que había una segunda.
Por eso conviene hacerla con supervisión y coordinada con tu médico: para retirar solo lo necesario, durante el tiempo necesario, y recuperar variedad cuanto antes.
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